El labrador y el filósofo
Había una vez un anciano filósofo, llamado Fidón, de ascética moral y santas costumbres, que vivía en una pequeña choza de un apartado pueblo de la Tesalia. El santo varón no tenía en su vida mas que una debilidad, la fruta. Sus ojos no miraban con deseo a las tiernas y lozanas mozas de pueblo, pero se deleitaban haciéndosele la boca agua cuando pasaban las muchachas con las cestas de tiernos frutos en las manos. Lindaba con la choza el jardín de un labrador muy rico, el cual, tenía plantado, junto a la valla divisoria, un manzano al que jamas recordaba el anciano haberle visto fruto alguno. Tan solo, en los años de gran bonanza, unos tiernos recuerdos de florecillas que se marchitaban sin llegar a su sabroso final. Muchas veces contemplaba Fidón el triste y estéril frutal, del cual, el parco labrador ya no se acordaba, pues tenía otros sanos y hermosos en sus campos que le ofrendaban sus frutos rojos y dorados. Tenían practicada en la valla una puertecilla por la que pasaba la m...